La vida es un regalo, un don y está en nosotros darle un
sentido…
Algunos sabrán desde muy temprana edad, a que vinieron a
este mundo. Ese sentir interior, lo llaman vocación y siguiendo ese camino en
total libertad, van trazando su destino, que puede ser orientado hacia un bien común,
teniendo en cuenta la importancia de compartir esos dones gratuitos recibidos, o
transitar una vida solitaria, donde todo sea egoísmo hedonista, donde la existencia
pase solo por los éxitos y placeres individuales,
llevándonos a una vida autorreferencial,
carente de amor.
Otros en cambio, pueden pasar los mejores años de su
juventud y adultez, siendo empujados por la corriente, carentes de toda
personalidad y fijándose todo el tiempo en los demás. Atento a las opiniones
ajenas, su forma de actuar, vestir, comer etc… Hasta que en algún momento de su
vida, deban pasar por alguna situación crítica, donde en absoluta soledad,
tengan que resolver que hacer, hacia donde ir y sientan que se le han quemado
todos los papeles…Ya no hay a quien copiar…
Es en un momento como ese, de reflexión profunda, cuando la
realidad nos golpea y nos hace tomar conciencia de nuestra fragilidad, tanto
unos como otros, tiran los guantes y se bajan del caballo de la soberbia, que
nos dice que todo lo puedo, para buscar en lo sobrenatural alguna respuesta.
Podemos decir que todos, en algún momento de nuestras vidas,
nos planteamos buscar respuestas en el plano sobrenatural, ya que somos en toda
la creación, los únicos animales racionales, conscientes de tener un cuerpo
material, que nos acompaña durante toda nuestra existencia en este plano. Pero también,
tenemos un alma sobrenatural, que no termina con nuestra muerte, si no que fue creada
por Dios para vivir eternamente.
Está en cada uno de nosotros, ver la vida como un proceso de desarrollo puramente vegetativo, nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos, como cualquier vegetal o animal, negando nuestra verdadera esencia que se encuentra en nuestra alma.
O reconocernos libres y capaces de discernir con nuestra inteligencia, que somos muy distintos del resto de las criaturas, no por la selección natural de la teoría de Darwin, sino por el amor infinito de nuestro creador, que nos envió a su hijo Jesucristo, para salvarnos de las ataduras de lo mundano, del aquí y ahora, que nos esclaviza a las cosas terrenales y nos hace creer que no necesitamos a Dios, que la humanidad vive como dijo Benedicto XVI, en "un eterno sábado de semana santa, donde Dios a muerto".
Salgamos de ese sábado, para llegar al domingo de resurrección, para saber que Cristo vive y camina junto a nosotros, a la espera de que reconozcamos su presencia, y lo dejemos entrar en nuestro corazón. Por que, el que cree en El, tiene una vida plena y rica en abundancia.
La toma de conciencia de lo sobrenatural, nos ilumina nuestro entender, no solo para el plano sobrehumano, sino para poder entender nuestra vida terrena y todo lo natural que se desarrolla en ella...
Parafraseando a San Pablo en su carta a los Gálatas: La mentalidad puramente humana (la carne), no solo son los pecados realizados con el cuerpo, sino también el orgullo, el egoísmo y el odio...y por el otro lado, la mentalidad sobrenatural (el Espíritu) que nos impulsa a hacer el bien, despojándonos de todo lo malo y abrazando en amor de caridad a nuestros hermanos...
y concluye: Se recoge lo que se siembra: "El que siembra para satisfacer su carne, solo recogerá la corrupción y el que siembra según el Espíritu, recogerá Vida Eterna"...
